
Y en particular en mi familia, más allá de las poesías de mi madre y de mi trabajo como "cuenta historias", la veta artística tiene su correlato en otro "Zuppi" con aires de autor, mi hermano Javier, que sin lugar a dudas emprendió un camino muy diferente y sensible, el musical, y creo que el destino anda tentado con hacer de su talento un lugar al que prestar atención.
Y anoche, ese talento tuvo su momento emotivo, porque el susodicho cantautor se presentó en La Clac (un reducto bohemio en las entrañas de la porteñísima Avenida de Mayo), y a escasas dos o tres cuadras de la Cúpula de Gabriel, cantó una versión de La Ciudad de la Furia dedicada a mi libro.
Por motivos que no vienen a cuento, yo anoche no pude estar presente en ese lugar, pero estuve ahí de una forma u otra, y quería compartir con ustedes esta cosa de magia y de sinergia que tienen las artes, eso de sentirse parte de una canción y escribir un libro, y de querer a un libro e interpretar una canción. Y de paso, agradecerle a ese artísta con el que circunstancialmente compartimos sangre, por haberme dado el honor de invitarme a su escenario, y compartir su espacio frente a todos.



























